Archivo del Autor: Pablo Duran

Quise

Quise
              decir
sentir,
palpar,
 todo,
nada.
Quise o imagine
que llegaría sin buscarlo,
sin buscarte,
y me encontré suspendido
en el espacio más oscuro,
ingrávido
ingrato
de un ser
que creo conocer

No eres quien dice

No eres quien dice y hace existir,
eres quien se escurre
por la ventana abierta de sus entrañas,
en trazos biliares
que intentan ser algo,
entre pez y barro informe.
Eres lo más parecido
a la confusión,
al caos original.
Eres quien llora
el dolor de no poder decir
y permanece en pie
para no morir,
                   o enloquecer.

Pablo Duran

Azar

Azar

Es tarde ya, dijiste,
y llegó tu condena
de tiempo sin misericordia.
No amaneció aún, respondí,
intentando demorarte,
prolongar la voz del río,
asimétrico
como nosotros,
disimulando la crueldad
nocturna de los cuerpos.
Perpetuar la textura suave
del vino en nuestras bocas ,
agostar lo superfluo,
dejar transcurrir
hasta que el azar
sea el sacramento
en que el sueño
nos venza,
tomados de las manos.

Pablo Duran

Silencio y liviandad

Silencio y liviandad
Y en eso estaba su culpa (¡salud viejo Anaximandro¡): 
en haber salido de la indiferenciación primera, 
en haber desertado la gozosa Unidad.
Leopodo Marechal
Hoy se cumple un año de un accidente automovilístico que me tuvo de protagonista. A pesar de viajar solo no sé si fui el único, aunque indudablemente protagonista al fin. Hechos de esa magnitud  suelen no pasar desapercibidos (o al menos es lo deseable). Estallido de la cuarta vértebra lumbar, fractura de manguito esternal y siete costillas por un lado, destrucción total del auto por el otro. Hechos objetivos y concretos.
¿Objetivos y concretos? En absoluto, al menos para mí no lo fueron. Podrían llegar a serlo como una noticia periodística que cae dentro de la estadística de hechos de inseguridad vial. Podría serlo en el reporte policial del siniestro, en el informe del seguro o en la historia clínica. Lo fue ciertamente al  ir comunicándolo a queridos, cercanos y menos cercanos. Pero de ninguna manera ni objetivos ni simples.
¿Pero que es lo que hace de ellos otra cosa? Pasado el shock inicial fui de a poco intentando ponerle palabras. Hacer un relato de esos hechos simples y objetivos. Lo previo a salir de la ruta, la sensación única de notar que había perdido el control del auto y ya nada podía hacer para volver al pavimento, el deseo de que la fricción con la tierra redujera la velocidad y el auto se detuviera, la decepción al notar que delante mío había un zanjón y que eso podría ser el fin de todo, el recuerdo infantil del auto de Meteoro, el Mach 5, que tenía un dispositivo que permitía que el auto saltara y que en el mío no estaba disponible, hasta el impacto seguido de un silencio absoluto y de liviandad para concluir con el impacto final por la caída y el quedar cabeza abajo, sostenido por el cinturón de seguridad. Hechos que se podrían repetir hasta el infinito, cuadro por cuadro, fraccionado en milésimas de segundo, aunque insuficientes para que fueran relato. Los hechos sin palabra no alcanzan para ese relato, que debí ir construyendo, y aun sigo, poniendo palabras que los hilvanen.
Damos existencia en el relato, o al menos así debería suceder. Como Adán Buenosaires, nombrando la granada, la rosa o la pipa. Pero la palabra no abunda en nuestros días. Tal vez nos sobran textos breves y nos falta con-textos. Tal vez la búsqueda de simplificación lleven a que dejemos elementos fuera de nuestra mirada y de nuestro relato, aunque al parecer intentemos dar una descripción verdadera literalmente. Tal vez tratamos las cosas como si tuvieran carácterísticas que claramente no tienen, y les asignemos formas, intenciones, razones o condiciones que no tienen, buscando un estado ideal que tal vez no exista en realidad (aunque si en la nuestra). Y tal vez así es que la abstracción o la idealización se hacen parte de nuestra vida, de nuestra cultura, de nuestro relato.
¿Por qué dejamos de nombrar, por qué permitimos que la precariedad, que la velocidad, que la multi-función (o multitasking como dicen, ¿o multiprocesadora?) nos triture de esa manera? Pantallas y más pantallas abiertas, líneas de texto que se suceden sin cesar y hasta se confunden de destinatario, voces entrecortadas que hablan hasta con jeroglíficos. Razones que se dan con argumentos superficiales, a toda velocidad. Y se termina estableciendo. Ese es el temido resultado. Que se nos haga natural la no palabra profunda, el no contexto y que ya no nos permita ver otra cosa. Para que más palabra o más profunda, para que más razones que las que están a la vista, si esa realidad que nos hemos creado nos permite un entorno seguro, nos sostiene. La limpieza fue efectiva; recortamos aquello de la realidad que sobraba y nos quedamos con una más simple, con menos interferencias. Y la completamos con algún otro condimento que hace de ese camino uno ideal, al menos mientras dura.
Aun cabeza abajo, cuando el auto cayó, el cinturón de seguridad me sostuvo. En ese momento, la adrenalina no dejaba mucho espacio para sentir. Me liberé, salí del auto. Y vino la confusión, la ambulancia y nuevamente la inmovilización en la camilla. Pero aun así el dolor, sordo, comenzó a aflorar.
Si me hubiera quedado solo con las fracturas, la cirugía, la rehabilitación, sin reparar en lo que antecedió y lo representaba ese hecho puntual, habría sido la de una pérdida inmensa oportunidad.
Tal vez no logremos entrar en toda la profundidad. Tal vez queden fragmentos del auto repartidos por la banquina, tal como quedaron los fragmentos de mi cuerpo vertebral. Eso será inevitable. Pro el Mach 5 solo existe en la ficción y hay cosas que no podemos pasar por encima. Atravesar esa zanja me dejo así, pudo repararse. Pero exige palabra que hilvanen y puedan ayudar a unir esos argumentos, que de otro modo seguirán allí, desparramados y dolientes.
Montevideo, 4 de septiembre de 2017

Desvelado

Desvelado,
recorro
las líneas de tu mano,

afán de escapar
hasta hundirme,
nicho
que cavó la tarde,
sepulcro transitorio
sin lápida
hueco
frio
no cierro los ojos,
no puedo,
por temor
a qué.
Retengo tu rostro
certero,
me aferro a él,
capricho,
que me inventé
para pasar esta noche.

Pablo Duran

Caigo cada noche

Caigo cada noche
en tu abismo más hondo,
me filtro por  rendijas
de intermitencia,
hasta donde no hay voz.
Donde tu silencio
cuenta  tu historia,
donde tu  soledad

imperfecta,
la del que está acompañado,
se funde,
extingue
y deja todo atrás
muchedumbre
ruido
luces
miradas,
hasta la nada
abrazo
relato encarnado
epifanía

Muero

Muero
de causas múltiples,
singulares,
antojadizas algunas
otras serias.
Muertes a destiempo,
intervalos extravagantes,
duración arbitraria:
minutos hoy,
de varios meses otras.
Conmueven,
por el vacío que dejan,
o por el alivio,
todas por lo que persiste,
lo que dejan tras de sí,
playa en bajamar
dilución homeopática
zumo,
quintaesencia,
de un cuerpo

que supo ser.

Pablo Duran
1/10/16

Dices

Dices
con voz armoniosa,
medida,
y te ilusionas
creyéndola propia.
Tu palabra
es la del cuerpo,
la que dice y te dice,
irreconocible,
el mantra más antiguo
aquel que suena,
desde el origen.
Tu voz,
la que hace violencia,
sin gritar,
sin herir.
Tu decir,
implosión,
estallido visceral
que abre,
desnuda,
fragmenta,
para que puedas reconstruir
cada partícula
en un nuevo orden,
mientras suena una nueva melodía,
mas reposada.
Pablo Duran
Septiembre de 2016

Hombre león

«Un día de abril de 2013 visito el Museo Británico de Londres, donde tienen una réplica del Hombre León expuesta por un tiempo. Estar ahí contemplando la estatuilla y la mirada de esa cabeza de marfil supone para mi un momento extraordinario.
Me esta mirando, pienso. Y yo lo estoy mirando a él.
Sin saber de donde ha surgido la idea, de repente es como si lo reconociera.»

Son palabras de Henning Mankell, cerrando el capitulo 10 -El hombre león- en Arenas movedizas (Tusquets Ed. Buenos Aires, 2015), su ultimo libro y relato en parte de su lucha contra el cáncer.

Fue grande mi sorpresa encontrar estas paginas luego de mi propia experiencia en el mismo Museo Británico.
Me esta leyendo, pienso. Y yo lo estoy leyendo a él.
Sin saber de donde ha surgido la idea, de repente es como si lo reconociera.

Casa de musas

La ontogenia recapitula la filogenia
Pablo Durán

«El calentamiento del Guayacan bebido
por largo tiempo cura la llaga
de los pulmones, mejor que otro remedio
alguno». Pedro de Montenegro.
Materia Medica Misionera. 1710
Listar, clasificar, coleccionar. ¡Cuánto tiempo y esfuerzo, pero también cuánta riqueza encierran! Ya sea como individuos o como sociedad, tanto en el orden cotidiano como en el desarrollo técnico y científico, es casi imposible que alguien pueda escaparles. ¿O acaso, cada uno de nosotros, consciente o inconscientemente no va por la vida intentando ubicar cosas, personas y aun ubicarse en una lista o una clasificación?

Desde tornillos, seres vivos, caracteres y hasta los días. Para todos ellos y más, existen listas y clasificaciones que podrían llegar a ser interminables. Fisher, Parker, artrópodos, paseriformes, neuróticos, nublados o feriados. Y hasta en forma combinada podríamos tener las combinaciones de ellos como por ejemplo indígena-caníbal-Viernes.
La lista de las compras o de las cosas a llevar de viaje; la de tareas del día; el ordenamiento de cubos a cilindros de menor a mayor que hace un niño. De simples listas a niveles más complejos, que puede estar en los mecanismos o en la clasificación que sustenta el ordenamiento.

Ordenar cubos o cilindros de menor a mayor, coleccionar estampillas, insectos o postales. Recuerdo mis cajas de cartón que con cuidado revestía con fieltro de colores (generalmente verde o azul) en las que exhibía mis apreciadas colecciones de caracoles, piedras con impregnaciones vegetales, vertebras de diferentes especies animales. Perfectamente listadas, clasificadas y expuestas.
Naturaleza, cultura, vida humana y social estaban allí plasmadas, como trofeos inertes en apariencia. Sin vida desde un sentido estricto, pero condensando años y hasta siglos. No porque se tratara de piezas preciadas, de verdaderas antigüedades, sino por lo que subyace en las clasificaciones y colecciones, cualquiera sea. Lo que hay detrás de ellas no es solo tiempo, que pueda medirse mediante técnicas de datación a partir de Carbono radioactivo.

Hace unos días tuve el placer de recorrer el Museo Británico. No sé por qué extraña razón pero fue la sala 1 la última en la que ingresé. Es la sala destinada al periodo, o más bien al espíritu de La Ilustración. Estantes, del piso al techo, que en su momento pertenecieron al Rey Jorge III, aunque sus libros ya no están allí sino en la Biblioteca Británica en St Pancras, rodean el largo salón rectangular. Actualmente los estantes están repletos de objetos, libros o artefactos de lo más variados. Pero el resumen de la sala, en definitiva del periodo y de su espíritu se encuentran en el centro. Dieciséis vitrinas en torno a siete ejes temáticos: 1) el mundo natural; 2) el nacimiento de la arqueología; 3) arte y civilización; 4) clasificando el mundo.; 5) escrituras antiguas; 6) elementos religiosos y rituales; 7) viajeros y exploradores.
Fósiles con sellos vegetales o animales, monedas o artefactos de épocas antiguas, prendedores, aros o elementos decorativos de civilizaciones antiguas, láminas clasificatorios de especies varias a partir de los trabajos de Linneo, (jeroglíficos o escritos en sanscrito o cuneiforme. No es tanto el contenido en sí mismo; no es relevante el sistema de clasificación sexual de las flores de Linneo, una moneda o un brazalete provenientes del imperio Romano.

Un museo dentro de un museo; muestras pequeñas de mucho que se encontraba en otras salas. La diferencia en este caso es la lógica. No era La Civilización X o el Periodo Y la que subyace en esta sala.
Es la luz de la razón o la razón que ilumina nuestras vidas; aquella que ha permitido buscar, explorar, descubrir, clasificar. La que ordena y ubica y da sustento a tal o cual clasificación. “Un tiempo en el que la gente, incluyendo a los coleccionistas que crearon el Museo Británico, utilizaron la razón y la observación de primera mano del mundo a su alrededor para entenderlo de nuevas formas”, según explica el folleto descriptivo de la sala.
La razón humana dando luz, orden, limites. Pero al mismo tiempo nuevas formas de entender al mundo.
Luz que permitió abrir los ojos e iniciar un camino que dejara atrás la superstición, la ignorancia y hasta la tiranía, desembocando en el reconocimiento de las libertades (aunque no siempre ha sido así).
Luz y razón que se posaron sobre la sociedad, la economía y la política, así como en la estética.

La belleza de una ilustración de Georg Dyonysius Ehret, quien colaboró con Linneo en plasmar imágenes de floras de todo el mundo, nos inhibe claramente de poner un límite entre ciencia y arte. Valor científico, estético y en algunos casos hasta social (así podríamos considerar a las ilustraciones publicaciones del tipo “Materia Medica Misionera, de Pedro de Montenegro, que aunque algo posterior en el tiempo, plasma el espíritu explorador, la estética y el lugar social por su contribución a la farmacopea.
Puede ser difícil, aunque excedería en profundidad a estas líneas, pensar que existe un límite entre lo artístico y lo científico, así como con cualquier otro recorte de la realidad.

”Las transiciones entre el arte y la esfera extra artística e incluso la extra estética, son tan poco claras y su averiguación es tan compleja que una demarcación precisa es ilusoria” (Mukarovsky J. Función, norma y valor estéticos como hechos sociales. El cuenco de Plata Ed. Buenos Aires, 2011)

¿Pero sí es más claro el límite en las clasificaciones? Obviamente no sería el caso entre artrópodos o mamíferos. O sí, dependiendo del criterio que utilicemos para la clasificación. En algún caso podrían diferir desde un criterio y ser próximos por otro.
¿Sobre qué criterios sustentamos los limites que demarcan las clasificaciones? A simple vista las clasificaciones se presentan claras en su demarcación, pero muchas veces antojadizas o al menos con ciertas ambigüedades.
Ambigüedades, redundancias y deficiencias que Borges, al referirse a John Wilkins y sus proyectos, le recuerdan a las que el doctor Franz Kuhn atribuye a una enciclopedia que divide a los animales en: “a) pertenecientes al emperador, b) embalsamados, c) amaestrados, d) lechones, e) sirenas, f) fabulosos, g) perros sueltos, h) incluidos en esta clasificación, i) que se agitan como locos, j) innumerables, k) dibujados con un pincel finísimo de pelo de camello, l) etcétera, m) que acaban de romper el jarrón, n) que de lejos parecen moscas”. (Borges JL. El Idioma analítico de John Wilkins. Otras inquisiciones. Obras Completas. Emece. Buenos Aires, 2006)

Durante mi preparación para el ingreso a la universidad, hubo una frase que me impactó y me quedó grabada:” La ontogenia recapitula la filogenia”. Núcleo de la teoría de la recapitulación. Si bien las postulaciones iniciales corresponden al periodo de la Ilustración, con John Hunter y Carl Friedrich Kielmeyer, su formulación y sistematización se dio con Ernst Haeckel en el Siglo XIX. Pero esto no es lo importante. Lo central es que lo que plantea la teoría es que la ontogenia, o el desarrollo de los individuos orgánicos, es una breve y rápida recapitulación de la filogenia, o el desarrollo del grupo orgánico (phylum) al que pertenece. Claro que la teoría ha quedado superada, pero no deja de tener aristas interesantes.
Somos parte del universo, y somos parte de un reino, un phylum, una clase, un orden, una familia, genero y especie. Categorías taxonómicas planteadas por Linneo, que si bien se ha mejorado en su definición, nos permiten ubicarnos y ubicar otros seres en ellas. Pero el universo también se resignifica en nosotros.

Entonces, volví a pensar en la Sala 1 del museo Británico, en sus ejes temáticos centrales, en que los limites son muchas veces arbitrarios y en que la ontogenia recapitula la filogenia. Y el límite entre mi historia y el museo no pareció tan lejano o arbitrario. ¿Será que en nuestro recorrido intentamos recapitular el camino de la humanidad? ¿Y si en parte construimos en nuestro andar una colección de objetos e iconos vinculados a la vida cotidiana, al trabajo; belleza; preparación para la muerte y tránsito hacia otros mundos? Recapitulando vasijas, instrumentos para la agricultura, la caza, la exploración; combates, guerras y conquistas; elementos de belleza como el brazalete del Imperio Romano; preparación para la muerte, entre ídolos y ofrendas, o sarcófagos o urnas para el tránsito hacia otros mundos que la humanidad ha acumulado y los representantes de la Ilustración han clasificado y conservado en museos.

Creo que podemos ser museo, casa de Musas; y recorrernos y encontrarnos con utensilios antiguos, herramientas para la vida, ídolos y dioses, rituales, y también ámbitos de encuentro social y hasta de preparación para el tránsito hacia otro mundo. Tal vez con clasificaciones no tan rígidas, más arbitrarias.