Archivo de la categoría: Poesía

Resucitas

Resucitas  
de la condena
incumplida
de la pena 

del lastre 
de vidas 
que no llegaste a morir 
de muertes 
que rieron en tu cara
inútiles
olvidadas 
de la lluvia de abril
de la resaca
de la reseca 
hoja caída
del enojo regurgitado
en soledad
de miradas vacías
de manos en los bolsillos
mezquinas de abrazo
de lo vivido
impúdicamente.
Resucitas
fugaz 
y sos todos
hombres
dioses
los que hospedaste
quienes te cobijaron
y ese niño 
que hoy te absuelve.

Vuelves

Vuelves
como la nieve,
como beso
de infancia tibia
sobre la frente,
bocetos de tu espalda
dibujados con caricias,
profecía,
mantra indeleble
que escriben tus pasos
sobre la playa,
marea de angustia,
brisa atardecida
que invita al olvido
de caballos de arena
y aves migratorias,
vuelves
como la luna llena.

Orfandad

Orfandad
de cuerpo presente
de alma entregada
al mejor sostén
de palabra
pan
abrigo.
Amnesia 
disimulada 
con nombres inventados
historias sangrantes
excusas
para lograr entrar
ser parte 
de algo
de alguien.
Vago
olvidado
del mundo
huérfano 
de mi
de camino 
de vientre 
hasta naufragar
en tu profundidad
tus párpados me abrazan
la angustiosa repetición
de mis temores
se desvanece
entre tus labios.

Detenida



Detenida,
se esfuma tu llanto,
tus brazos que gesticulan
tus pasos torpes,
brilla opaca 
tu lágrima tatuada,

de muertos que cargas
que lloras
que son tuyos
que son vos,
atravesada como cientos
olvidada como miles,
sola
única y sola,
huérfana de abrazo
de ese que redime.

Somos muchos

Somos muchos
y uno,
nada,
dioses,
tierra desolada
y fecunda,
porque el vacío es necesario,
porque transitar tu desierto
me cobija,
abrazo desnudo
de cuerpos tibios
en la pobreza de la noche fría.
Porque nada importa ya,
si hablas o callas,
si estas
o lo imagino,
nada alcanza.
Y aunque estés,
eres ausencia
si no estas,
muero.
Fuiste primero sueño,
y luego abrazo
o el abrazo fue el sueño
al que me aferro.
Tampoco importa ahora,
porque soy ese
desierto
dios
fecundo
desolado
desnudo
sueño
abrazo
necesitado
de vos
de mi
de muchos.

Decidí

Decidí gritar mi reclamo
llanto, canción
y hablo por quien
por los yo pasados
por los tu silenciados
por nosotros
aunque crean que sucumbimos,
pero no.
Te desafío
porque el silencio ahoga
porque tengo hambre,
porque muero.
Lleno esta habitación de palabras,
mi boca de deseos
propósitos,
y aturdo mi pensar
con cada pitada que doy,
me hundo entre hojas secas,
en barro tibio,
a cada paso,
pero no hay opción,
no para silencio
soledad.
Prefiero elegir este relato
que vuelvo a tejer,
entregarlo
a quien quiera recibirlo
porque es mío,
y yo soy él
una vez más.
Pablo Duran

Aquel día llegará

Aquel día llegará,
sin haber visto los cedros del Líbano
ni orado en Taizé.
Sin haber tocado Mozart,
o escrito El Quijote.
Pero caminé en primavera
sobre moradas flores de jacarandá.
Contemplé en silencio, en un oratorio sencillo,
una zamba de Castilla me llegó de madrugada,
y estas líneas fueron escritas.

Salto

Salto
de una celda a la otra,
entre mundos distantes,
contiguos,
profundamente planos,
no hace diferencia donde:
arriba, abajo
al costado,
cercanos a mi,
a vos,
mas próximos aun
que mi lejano fin,
mas inciertos
y brutalmente reales, 
nunca mas allá 
que el acá mismo,
nada mas afuera
que el adentro 
donde te espero,
y a veces, 
solo a veces, te encuentro,
o te imagino,
y no es tu mano la que me toma
ni tu voz la que me guía
ni tu canto el que me aquieta.
No importa qué,
importa sí que tu aroma persiste,
importa que en este 
mas acá de mi,
ya no me alcanza la muerte.
Pablo Duran
22/4/18

Tangente

Tangente
al extremo más lejano
de tus dedos,
a la curva
de tus convicciones
que ya no te sostienen.
Justo allí,
donde todo acaba,
sostén divino,
allí esperas ,
en tu debilidad.
Ya son otras las noches,
no hay cortejo,
solo caricia
que apacigua

la oscuridad.
Pablo Duran
Marzo 2018

Temo

Temo
a esas palabras
que disfrazan otras
vacías de sentido,
a las ausencias
que ocupan mi soledad
y la entretienen,
a la injusta ceguera
de pasar a tu lado
sin sentirte,
a creerme capaz
de aplazar la muerte,
a permanecer aquí
inmóvil,
al olvido
de lo que fuimos,
a todos los miedos
y a esa voz
que insiste
en silenciarlos.

Pablo Duran